—¡Hola, niños! —dijo la señora policía, sonriendo. Su nombre era Sofía. Llevaba un uniforme azul y un sombrero brillante.
—¡Hola, Sofía! —gritaron Tomás y Ana, sus dos amigos. Estaban en el parque.
—¿Qué haces hoy? —preguntó Ana, curiosa.
—Estoy cuidando el parque —respondió Sofía—. ¡Es muy importante que todos estén seguros!
—¿Cómo lo haces? —preguntó Tomás, intrigado.
—Primero, miro a mi alrededor. —Sofía miró a su alrededor—. Si veo algo raro, voy a ayudar.
—¿Y si alguien está perdido? —preguntó Ana.
—¡Buena pregunta! —dijo Sofía—. Si alguien está perdido, les pregunto su nombre y a dónde quieren ir.
—¡Eso suena divertido! —dijo Tomás.
—Sí, pero también es serio. —Sofía hizo una cara seria—. Siempre hay que ayudar a los demás.
—¡Yo quiero ser policía también! —dijo Ana emocionada.
—¡Genial! —contestó Sofía—. Siempre podemos aprender a ayudar.
Sofía sonrió y dijo:
—Recuerden, ser policía es proteger y cuidar.
Tomás y Ana aplaudieron.
—¡Gracias, Sofía! —gritaron juntos.
Y así, los tres amigos siguieron jugando, felices de tener a una policía valiente y amable en su parque.