El pequeño renardito Rolo salió al jardín. "Hoy es Pascua", le dijo su mamá.
Rolo sonrió. "¿Pascua, mamá?"
"Sí, Rolo. Vamos a buscar huevos de Pascua".
"¿Huevos? ¿Dónde, mamá?"
"En el jardín. Hay huevos de colores", explicó su mamá.
Rolo miró a su alrededor. "¿Colores, mamá?"
"Sí, Rolo. Rojo, azul, verde... ¡y amarillo!"
Rolo saltó de alegría. "¡Quiero encontrar huevos!"
"Mira bien, Rolo. Hay sorpresas", le guiñó su mamá.
Rolo caminó por el jardín. "Aquí, un huevo rojo", dijo feliz.
"¡Bien hecho, Rolo!", aplaudió su mamá.
Más adelante, Rolo vio algo. "¡Un huevo azul!", exclamó.
Su mamá sonrió. "Muy bien, Rolo. Sigue buscando".
Rolo siguió caminando. "¡Un huevo verde!", gritó.
"¡Qué buen buscador!", dijo su mamá.
Rolo vio otro. "¡Mira, mamá! ¡Un huevo amarillo!"
"¡Qué sorpresa, Rolo!", dijo su mamá.
Rolo agarró todos los huevos. "¡Colores bonitos, mamá!"
Su mamá lo abrazó. "Sí, Rolo. Pascua es alegría y colores".
Rolo estaba feliz. "¡Qué divertido, mamá!", dijo.
"Sí, Rolo. Pascua es mágica", le dijo su mamá.
Rolo sonrió. "Quiero Pascua todos los días".