Parte 1
En el corral del Prado Alegre vivía una gallina llamada Pipa. Pipa era redonda, suave y muy curiosa. Pero, sobre todo, Pipa tenía una cosa: ¡una lengua aventurera!
Le gustaba probar cosas rarísimas. No para comérselas, no. Solo un “toquecito” con la punta del pico.
Una mañana, Pipa vio un charco brillante como un espejo.
“¿Sabe a sopa?”, pensó.
Se acercó, estiró el cuello y dijo:
“Ñam… ¡plop!”
El charco no sabía a sopa. Sabía a… nada.
“¡Qué sabor tan tímido!”, dijo Pipa, y el charco hizo “plin plin” con una gotita.
El pato Paco estaba nadando cerca y se rió:
“Pipa, eso es agua”.
“¡Ah! Agua. ¡Qué nombre tan corto!”, respondió Pipa. “Me lo guardo en la lengua”.
Luego vio una piedra gris, muy seria, en el camino.
Pipa la miró como si fuera un caramelo.
“Solo un poquito”, dijo.
Le dio un picotazo suave.
“¡Toc!”, sonó la piedra.
“¿Y?”, preguntó la oveja Lala, que masticaba hierba sin prisa.
“¡Sabe a toc!”, dijo Pipa, contenta. “Es un sabor que hace ruido”.
Lala parpadeó:
“Yo solo conozco el sabor a mmm”.
“Cada lengua tiene su música”, cantó Pipa, moviendo la cola.
De pronto, Pipa olió algo dulce. Era una flor amarilla.
La flor parecía decir: “Hola”.
Pipa se acercó con cuidado.
“Solo una puntita”, susurró.
“¡Achís!”, estornudó Pipa.
La flor no sabía a dulce. ¡Le hizo cosquillas en la nariz!
Paco se rió otra vez:
“Eso te hace estornudar, Pipa”.
“¡Entonces sabe a cosquilla!”, dijo Pipa. “¡Me encanta!”
Parte 2
A la hora del sol calentito, Pipa encontró un gorro de paja en el suelo. Era del burro Bruno. El gorro tenía un lazo rojo, muy bonito.
Pipa lo olfateó y dijo:
“Esto debe saber a verano”.
Le dio un lametazo rápido.
“Puaj… sabe a sol con polvo”.
Bruno llegó trotando, tranquilo:
“Ese gorro es mío”.
Pipa levantó las alas como si fueran manos:
“¡Perdón! Solo lo saludé con la lengua”.
Bruno sonrió:
“No pasa nada. Mi gorro siempre está lleno de aventuras. Y de polvo”.
Pipa siguió caminando y encontró una cuerda larga, enrollada como una serpiente dormida.
“¡Uy! No da miedo. Solo parece divertida”, dijo, muy segura.
La empujó con el pico. La cuerda se desenrolló y fue: “ssss… ssss…”
Pipa abrió los ojos:
“¡La cuerda hace sonido de serpiente de mentira!”
El conejo Tico saltó al lado:
“Es para colgar una campana”.
Pipa miró la cuerda y luego miró su pico:
“¿La campana sabe a ding?”
“Solo si la lames”, dijo Tico, con una risita.
Y allí estaba la campana, colgada en un poste. Brillaba como una luna pequeñita.
Pipa se puso de puntillas.
“Un toque. Solo un toque”, dijo.
“¡Ding!”, sonó la campana.
Pipa dio un saltito:
“¡La probé y cantó!”
Paco aplaudió con las alas:
“¡Tu lengua es una varita mágica!”
“Mi lengua es una lengua”, dijo Pipa, orgullosa. “Pero sí… hace cosas”.
Parte 3
Ya casi era la hora de la merienda. El corral olía a grano y a risas.
Pipa vio una cosa increíble: un cubo con espuma blanca. Era el cubo de lavar de la cabra Lola.
La espuma parecía una nube en un balde.
Pipa tragó saliva.
“Nube… ¿sabrá a cielo?”
Lola levantó una pezuña:
“¡Alto, Pipa! Eso es jabón”.
Pipa se quedó quieta, con el pico en el aire.
“¿Jabón? ¿Se puede probar?”
Lola puso cara de “mejor no” y luego cara de “bueno, pero poquito”.
“Un puntito pequeñito, como una hormiga”, dijo.
Pipa tocó la espuma con la punta del pico.
“Blec”, hizo su boca.
Pipa sacó la lengua:
“¡Sabe a burbuja enfadada!”
Todos se rieron. Hasta la espuma parecía reír, porque hizo: “bop bop bop”.
Lola le dio un cuenco de agua limpia enseguida.
“Agüita, para tu pico”.
Pipa bebió y dijo:
“¡Agua otra vez! El sabor corto que arregla todo”.
El sol bajó despacito. Los animales se sentaron juntos. Pipa miró el cielo rosa y se acomodó.
“Hoy probé un charco tímido, una piedra toc, una flor cosquilla, un gorro con polvo, una cuerda serpiente, una campana ding y una nube enfadada”.
Paco se acurrucó:
“Mañana, ¿qué vas a probar?”
Pipa bostezó:
“Mañana… probaré… mmm… el aire”.
Tico soltó una risita:
“¡Ese sí que es ligero!”
Pipa cerró los ojos, feliz, y dijo muy bajito:
“Buenas noches, sabores”.