Parte 1
En la granja de la Colina Suave vivía un gallo llamado Coco. Tenía plumas rojas, patas rápidas y una voz que hacía cosquillas al sol.
Una mañana, Coco encontró un cubo brillante junto al corral. Era un cubo de aire. Sí, de aire. Estaba “lleno” de nada, pero hacía “plof” cuando lo movías.
Coco lo miró con ojos redondos.
“¡Qué cubo tan serio!”, dijo.
El cubo no respondió, claro. Los cubos son muy tímidos.
Coco quiso llevarlo con cuidado. Muy, muy con cuidado.
“Pasito, pasito”, cantó.
Pasó al lado de la oveja Nube, que contaba sus saltitos.
“¿Qué llevas ahí?”, preguntó Nube.
“Un cubo de aire. No pesa, pero se porta como si pesara”, dijo Coco.
El pato Pío-Pío se acercó andando como tambor.
“¡Cuac! ¿Un cubo de aire? Eso suena a sopa invisible”, dijo, y se rió.
Coco se rió también. “¡Pero sin cuchara!”
Coco siguió, orgulloso. El cubo iba en alto, muy recto.
“Sin volcar, sin volcar”, repetía.
En el suelo había piedritas, hojas, una zanahoria perdida y un caracol que iba de paseo.
Parte 2
De pronto, el caracol dijo con voz lenta:
“Ejem… ¿me dejas pasar?”
Coco se detuvo. Quiso ser amable. Dio un pasito a un lado.
Y entonces… ¡ups!
Su pata tocó una piedrita traviesa. La piedrita hizo “tic”. Coco hizo “ay”.
El cubo hizo “¡whoooosh!”
Coco volcó suavemente el cubo de aire.
No se cayó agua. No se cayó barro. No se cayó nada… y aun así pasó algo.
El aire salió como un suspiro cosquilloso.
“Fuuu”, hizo el aire.
Las plumas de Coco se despeinaron como una flor en viento.
La oveja Nube dijo: “¡Beee! ¡Me peinaste la cara!”
El pato Pío-Pío abrió las alas: “¡Cuac, cuac! ¡Me inflaste las plumas!”
Hasta el caracol se quedó con los ojitos grandes: “Yo… yo también sentí el soplido.”
El aire travieso siguió rodando por la granja.
Pasó por el montón de heno y lo hizo “fifí-fafá”, como si el heno riera.
Pasó por las orejas del conejo Brinco y sonaron “flap-flap”.
Brinco saltó sorprendido y luego se rio: “¡Me hicieron cosquillas por dentro!”
Coco se quedó quieto, con el cubo boca abajo.
“Creo que… lo derramé”, dijo, bajito.
Nube se acercó y lo tocó con la nariz.
“Está bien. No duele. Solo hace viento pequeño”, dijo.
Pío-Pío miró el cubo vacío de aire y lo giró.
“Cuac… si lo llenamos otra vez, ¿se porta mejor?”
Coco levantó una ceja. “¿Se puede llenar aire?”
Brinco gritó: “¡Sí! ¡Corriendo!”
Parte 3
Los animales hicieron una fila divertida. Uno, dos, tres.
Coco sostuvo el cubo.
Nube sopló: “Fuuuu.”
Pío-Pío sopló: “¡Cuac-fuu!”
Brinco sopló: “¡Fiiii!”
Hasta el caracol sopló lo más fuerte que pudo: “…fu.”
El cubo no se veía más lleno… pero todos se sentían muy importantes.
Coco lo llevó otra vez, despacito.
“Pasito, pasito”, cantó.
Ahora miraba el suelo, la piedrita, la zanahoria, el caracol.
Y también miraba sus amigos, que caminaban a su lado.
“Si se vuelve a volcar, será un viento de risa”, dijo Nube.
“Pero mejor suavecito”, dijo Coco.
“Suavecito”, repitieron todos.
Al final, se sentaron bajo el árbol grande. El cubo de aire quedó en medio, muy quieto.
El sol calentaba sin prisa.
Coco acomodó sus plumas, ya peinadas otra vez.
“Hoy aprendí que hasta el aire puede hacer lío”, dijo, contento.
Y la granja se quedó tranquila, con risitas pequeñas flotando como plumas.