La pequeña Luna se despierta en su camita. Mira el techo y sonríe. “¿Por qué estoy aquí?”, pregunta con su vocecita suave. El sol entra por la ventana y le acaricia la cara.
Luna baja los pies y busca sus zapatillas. Una es azul, la otra es roja. “¡Son diferentes!”, dice, y ríe. Pone una en cada pie y camina despacito. El suelo está frío, pero su osito la mira y le manda un abrazo con los ojitos.
En la sala, Luna ve una flor en la mesa. La flor huele dulce, como el abrazo de mamá. “¿Por qué hueles tan bien?”, susurra Luna. La flor no contesta, pero se queda muy quieta, como si escuchara.
Luna se acerca a la ventana. Ve a un pájaro en el árbol. El pájaro canta suave. “¿Por qué cantas?”, pregunta Luna. El pájaro mueve las plumas y sigue cantando. Luna se ríe y canta con él.
Mamá llega y la toma en brazos. “¿Por qué me quieres?”, pregunta Luna. Mamá sonríe y le da un beso. “Porque sí, porque eres tú”, dice mamá.
Luna cierra los ojos. Siente el abrazo, el sol, la flor y el canto del pájaro. Todo está bien, todo es suave.
A veces, la vida es solo sentir y preguntar, y eso es muy bonito.
Así, Luna aprende que la vida es linda cuando miras, preguntas y quieres mucho.