Leo tiene 1 año. Camina con pasitos, tap-tap. En su mano lleva una pelota roja. La pelota brilla como un sol pequeño.
Es de noche. La casa está suave y tibia. La luz es bajita. La cuna espera, ¡ñam-ñam de sueño!
Leo mira por la ventana. Afuera hay una estrella. Titila: tic-tic.
Leo señala y dice: “¿Yo?”.
Mamá se sienta con él. Le acaricia el pelo. “Sí, tú”, dice. “Y esa luz”.
Leo abre la boca, redonda. “¿Por qué?”, dice.
Mamá ríe bajito. “Je-je”. “Buena pregunta”, dice.
En el suelo está Nube, el gato. Hace “miau” y se enrolla como una rosquita. Leo toca su cola. “Suave”, dice.
Leo vuelve a mirar la estrella. “¿Qué hago?”, dice.
Mamá toma la pelota roja. La hace rodar: “ruu-ruu”. La pelota va y vuelve, hop. “Mira”, dice mamá. “Tú haces esto”.
Leo aplaude: “¡pla-pla!”. “Yo”, dice.
Mamá asiente. “Tú miras. Tú tocas. Tú ríes. Tú das”.
Leo mira su pelota. La aprieta. “Corazón”, dice, porque la siente cerca, pum-pum.
Mamá lo lleva al jardín un momento, en brazos. El aire es fresco y dulce. Una hoja cae: “fiuu”. Leo la sigue con los ojos. “Hola, hoja”, dice.
La estrella sigue ahí, arriba. Leo la saluda con la mano. “Hola, luz”, dice.
Mamá susurra: “La vida es como un paseo pequeño. Un paso. Otro paso. Y muchas cosas para ver”.
Leo piensa con su carita seria. Luego sonríe. “¿Y mañana?”, dice.
“Sí”, responde mamá. “Mañana también”.
De vuelta en la cama, Leo abraza su pelota roja. Nube salta a un lado: “pum” suave. Mamá canta: “la-la-la”.
Leo cierra los ojos. La estrella sigue, tic-tic, como un guiño.
“Yo estoy”, dice Leo, muy bajito.
Moraleja: La vida se hace con pasitos y amor, mirando y compartiendo con calma.