En un pequeño pueblo, vivían dos niños llamados Ana y Tomás. Ana tenía el cabello rizado y siempre llevaba una gorra roja. Tomás usaba una camiseta verde con un dibujo de un árbol. Les encantaba jugar juntos en el parque.
Un día, mientras jugaban, vieron un papel tirado en el suelo. Ana lo recogió y dijo: "¡Mira, Tomás! ¡Podemos ayudar al parque a estar limpio!". Tomás sonrió y asintió con la cabeza.
Los dos amigos caminaron por el parque, recogiendo papeles y hojas caídas. Ana encontró una lata de refresco y la puso en una bolsa que llevaba. "Vamos a hacer que el parque esté bonito", dijo.
Mientras caminaban, escucharon el sonido de los pájaros. "Pío, pío", cantaban los pájaros desde los árboles. Tomás levantó la vista y vio a un pajarito saltando de rama en rama. "Hola, pajarito", saludó Tomás.
Ana y Tomás siguieron recogiendo cosas del suelo. Encontraron una flor bonita y la dejaron en el suelo para que las abejas pudieran visitarla. "Las flores son importantes", explicó Ana, "dan comida a las abejas".
Al terminar, Ana y Tomás se sentaron en un banco a descansar. "Hoy ayudamos al parque", dijo Ana. "Sí", respondió Tomás, "y los pájaros están felices".
El sol empezó a bajar, y los colores del cielo se volvieron anaranjados. Los dos amigos se sintieron contentos de haber ayudado a la naturaleza.
Cuidar nuestro entorno hace que todo sea más bonito y feliz para todos.