El conejito Nico se despierta en su madriguera. La hierba huele dulce. El sol entra suave.
Nico sale y ve el bosque. Hay hojas, flores y un arroyo que hace “shhh”. Nico mueve sus orejas. Hoy quiere cuidar su casa.
En el suelo ve una cáscara de plátano. Nico la toca con su pata. “Esto no va aquí”, dice. Cerca está la ardilla Lila con una cajita de compost. “Yo te ayudo”, responde Lila. Nico pone la cáscara en la cajita. Huele a tierra buena.
Luego Nico ve un papelito. Está seco y arrugado. Nico lo recoge. Viene la tortuga Tom. Trae una bolsa de tela. “Al papel, aquí”, dice Tom. Nico lo deja dentro. La bolsa se siente suave.
Nico camina al arroyo. El agua brilla como plata. Ve una botella vacía junto a una piedra. Nico la empuja con cuidado. “Pesa”, dice. Lila y Tom la toman con él. “Juntos”, responden. La llevan a un cesto de reciclaje de colores: azul, verde y amarillo. Nico mete la botella en el amarillo. “Plástico”, dice Tom.
Después, Nico riega una plantita. Solo un poco. El agua cae “tic, tic”. La plantita se endereza.
Al volver, Nico se acurruca. El bosque está más limpio. El aire se siente fresco. Nico susurra: “Buenas noches, bosque”.
Cada gesto pequeño, con calma y amor, ayuda a la Tierra a sonreír.