En una isla lejana, un tricératops llamado Tito caminaba feliz. Tito tenía tres cuernos en su cabeza. Eran fuertes y brillantes. Tito miraba a su alrededor. ¡Todo era verde! Había árboles altos y flores de muchos colores.
—¡Mira, Tito! —dijo su amigo, un pequeño estegosaurio llamado Estela—. ¡Hay un arcoíris!
Tito sonrió. El arcoíris era hermoso. Tenía rojo, azul y amarillo. Tito y Estela decidieron seguir el arcoíris.
—¿Dónde nos llevará? —preguntó Tito con curiosidad.
—¡Vamos a descubrirlo! —respondió Estela emocionada.
Caminaron juntos, paso a paso. Encontraron un río. El agua brillaba como diamantes. Tito bebió un poco.
—¡Está fresca y deliciosa! —dijo Tito.
Estela también bebió. Luego, vieron peces de colores saltando.
—¡Mira, Tito! —gritó Estela—. ¡Son tan bonitos!
Tito rió y dijo:
—¡Sí! ¡Son amigos del agua!
Después de jugar cerca del río, siguieron el camino. De repente, escucharon un ruido.
—¿Qué fue eso? —preguntó Tito, un poco asustado.
—¡No te preocupes, Tito! —dijo Estela—. Vamos a ver.
Se acercaron y encontraron un pequeño dinosaurio. Estaba atrapado entre las ramas.
—¡Ayuda! —lloraba el dinosaurio.
—¡No te preocupes! —dijo Tito—. Vamos a ayudarte.
Tito empujó las ramas con su fuerte cabeza. Estela también ayudó. Juntos, liberaron al dinosaurio.
—¡Gracias, amigos! —dijo el dinosaurio—. Soy Dino.
—¡Hola, Dino! —dijeron Tito y Estela, felices.
Los tres amigos continuaron la aventura. Caminaron y rieron, explorando la hermosa isla. Tito se dio cuenta de que, juntos, todo era más divertido.
Al final del día, miraron el cielo. Las estrellas brillaban. Tito sonrió y dijo:
—¡Hoy fue un gran día!
—¡Sí! —dijeron Estela y Dino.
Y así, Tito, Estela y Dino se hicieron amigos para siempre, viviendo muchas aventuras juntos en su isla mágica.