Lola se pone la camiseta. Su pelo va en cola. Sonríe. Ella es jugadora de fútbol. En la cancha, la hierba hace “fiu-fiu” bajo sus zapatos.
Hoy hay un partido pequeño, para jugar y aprender. Lola mira el balón. “Redondo, suave, listo”, dice. Lo toca: “toc-toc”. Lo empuja: “pum”. Corre: “tap-tap”.
Un niño le pregunta: “¿Qué haces, Lola?”
“Juego al fútbol”, dice Lola. “Corro, paso, chuto y cuido a mi equipo.”
Lola señala sus cosas. “Estas espinilleras me cuidan las piernas. Estas botas agarran bien. Y esta botella… glup-glup, agua para seguir.”
Empieza el juego. Lola dice: “¡Hola, equipo!”
“¡Hola!”, responden. Se dan la mano: “choc-choc”.
Lola pasa el balón a Ana. “Para ti”, dice. Ana ríe: “¡Gracias!” y lo pasa a otro. El balón va: “pum, pum”. Todos corren, pero con calma. Lola dice: “Sin empujar. Con respeto.”
De pronto, el balón se va despacito fuera. “Oh”, dice un niño. Lola lo trae con un pie: “hop”. “No pasa nada”, dice. “Seguimos.”
Al final, no importa quién gana. Lola aplaude: “pla-pla”. “Buen juego”, dice. Todos se abrazan: “mmm”.
Esa noche, Lola se estira y bosteza. “El fútbol es correr juntos y ayudar”, susurra.
Moraleja: Jugar limpio y compartir hace el corazón contento.