Un jugador de fútbol está triste. ¡Oh no! Se ha lastimado. No puede jugar. Su nombre es Pablo. Pablo ama el fútbol. Le encanta correr. Le gusta chutar la pelota. ¡Goooool! Pablo sueña con hacer goles.
Un dĂa, un niño llamado Lucas se acerca. "Hola, Pablo", dice Lucas. "ÂżPor quĂ© estás triste?" Pablo responde: "Me lastimĂ©, no puedo jugar." Lucas pregunta: "ÂżTe gusta el fĂştbol?" Pablo sonrĂe. "¡SĂ! Me encanta."
"ÂżCĂłmo empezaste a jugar?", pregunta Lucas. Pablo dice: "Cuando era niño, jugaba en el parque. Era muy divertido." Lucas rĂe: "¡Yo juego tambiĂ©n! A veces, mi amigo y yo hacemos goles." Pablo rĂe tambiĂ©n. "¡Eso es genial! El fĂştbol es alegrĂa."
Pablo le cuenta a Lucas: "Los jugadores tienen responsabilidad. Debemos entrenar mucho. Debemos comer bien. Y siempre ayudar a los demás." Lucas escucha atentamente. "¿Y qué haces cuando no puedes jugar?" Pablo responde: "Miro partidos. Pratico en casa. Y juego con amigos."
Lucas dice: "ÂżTĂş crees que yo puedo ser jugador tambiĂ©n?" Pablo asiente. "¡SĂ! ¡Puedes hacerlo! Solo necesitas practicar. Y nunca rendirte." Lucas sonrĂe. "¡Gracias, Pablo!"
Pablo se siente mejor. La amistad y el fĂştbol son importantes. "¡Pronto volverĂ© a jugar!", dice Pablo. Lucas aplaude. "¡SĂ, Pablo, tĂş puedes!" Y los dos rĂen, soñando con goles y amistad, felices en el campo.