Era un dĂa brillante y soleado. SofĂa, la jugadora de fĂştbol, se preparaba para un gran partido. TenĂa su camiseta puesta y su balĂłn al lado. "¡Voy a darlo todo!", dijo SofĂa, sonriendo.
Mientras se estiraba, un niño se acercĂł. "¡Hola! ÂżTĂş eres SofĂa, la jugadora de fĂştbol?", preguntĂł con ojos brillantes.
"SĂ, soy yo. ÂżTe gusta el fĂştbol?", respondiĂł SofĂa, contenta.
"¡Mucho! Quiero jugar como tú", dijo el niño.
SofĂa se agachĂł para estar a su nivel. "Es muy divertido. Pero tambiĂ©n se necesita práctica. ÂżQuieres aprender un poco?", preguntĂł.
"¡SĂ! ÂżQuĂ© hacemos?", exclamĂł el niño.
SofĂa tomĂł el balĂłn. "Mira esto", dijo, y comenzĂł a driblar. El niño la miraba asombrado. "ÂżVes? Hay que mover el balĂłn con los pies. ¡Es importante!"
El niño intentĂł imitarla. "¡Yo puedo hacerlo!", gritĂł, riendo. SofĂa lo animĂł. "¡Bien hecho! ¡Sigue practicando!"
DespuĂ©s de un rato, SofĂa dijo: "Ahora vamos a chutar. ¡Intenta meter el balĂłn en la porterĂa!"
El niño corrió y pateó. El balón entró. "¡Gol!", gritaron juntos.
SofĂa sonriĂł. "El fĂştbol es divertido y te hace feliz. Siempre dale lo mejor, como yo hoy en el partido."
"¡Quiero ser como tú!", dijo el niño emocionado.
"¡TĂş puedes!", respondiĂł SofĂa, dándole un abrazo.