Capítulo 1
Había cuatro amigos. Eran cuatro niños. Tenían casi cuatro años. Uno se llamaba Nico. Otro, Leo. El tercero se llamaba Manu. El cuarto era Sam. Sam usaba un andador. Sam jugaba igual. Sam reía igual.
Un día encontraron una puerta azul en el parque. La puerta no era grande. Tenía luces como estrellas. Nico tocó la puerta. La puerta sonrió. Leo dijo: "¿Vamos?" Todos dijeron: "Sí."
Entraron de la mano. La puerta los llevó por un pasillo de viento suave. El pasillo tenía dibujos de relojes que giraban despacio. El pasillo olía a galletas. Los niños se miraron. Estaban curiosos. No tenían miedo.
Capítulo 2
Al otro lado había un jardín de tiempo. Había relojes floridos. Un gran reloj cantó: "Bienvenidos." Manu tocó una flor que marcaba mañana. La flor dijo: "Hoy es un regalo." Los niños aprendieron a escuchar el tiempo.
Primero viajaron al pasado cercano. Vieron un tren antiguo. Vieron niños jugar con canicas. Sam dijo: "Mira, es como mi abuelo." El abuelo salió y sonrió. Leo le dio una canica. El abuelo devolvió una sonrisa grande. Todos se sintieron contentos.
Luego saltaron a un momento más atrás. Había peces brillantes en un río que corría hacia el cielo. Nico y Manu contaron hasta tres. El río cantó una canción sobre recordar. "Recordar es guardar," dijo el río. Los niños guardaron una nota: ser agradecidos por cada día.
En un salto, apareció un pequeño problema divertido. Un reloj travieso quería jugar a esconder la hora. Se llevó la hora del almuerzo. Los niños rieron. "¿Dónde está la hora de comer?" preguntó Leo. Nico dijo: "Tal vez la hora está jugando." Buscaron por debajo de hojas y dentro de nubes. Sam miró su reloj de juguete y dijo: "Gracias, reloj." El reloj regresó la hora. Todos aplaudieron. Aprendieron que decir gracias abre puertas.
Los niños conocieron un científico amable. El científico les explicó con fotos sencillas: "No cambien cosas grandes. Pequeñas lecciones sí." Ellos escucharon. Aprendieron sobre causa y cuidado. Aprendieron a agradecer cada encuentro.
Capítulo 3
Al final, la puerta azul volvió a brillar. Era hora de volver a casa. Los cuatro tomaron las manos otra vez. El pasillo los devolvió al parque. Todo estaba igual. Todo parecía más bonito.
Se dieron un abrazo. Nico dijo: "Gracias, amigos." Leo dijo: "Gracias, tiempo." Manu dijo: "Gracias, puerta." Sam sonrió y aplaudió.
Esa noche, los cuatro recordaron las canicas, el río y la hora de comer. Se durmieron felices. Habían viajado en el tiempo. Habían aprendido a agradecer. Y supieron que el presente es un regalo para compartir.