Tomás es un niño de tres años. Vive con su oso y su vaso de agua. Una noche, va a la cama. Se pone su pijama. Dice: "¡Tengo sueño!" Pero su oso se mueve. Tomás ve al oso en la silla. Cree que el oso se fue a buscar un sombrero. Corre, pero la puerta está cerrada. "Oso, vuelve", dice Tomás. El oso no dice nada. Está en la silla. Tomás se ríe. Busca el vaso. El vaso no está en la mesa. Cree que el vaso salió a pasear. Busca en la cocina. El vaso está en la bañera. ¿Cómo fue ahí? Tomás bate las manos y canta. Su mamá entra. Ella sonríe. Toma el oso y el vaso. "Todo está bien", dice la mamá. Tomás abre un cajón. Sale un calcetín con cara de luna. El calcetín salta y rueda. Tomás aplaude. Luego el calcetín se esconde en la almohada. Tomás se tumba. Mira la luna por la ventana. La luna parece decir hola. Tomás bosteza. El oso tiene el sombrero. El vaso ahora está en la cama, pero con cuidad. Nadie está triste. Todo es risa suave. Tomás cierra los ojos. Sueña que el vaso canta. Sueña que el oso baila. Sueña que el calcetín cuenta un chiste. La casa es calma. La noche es blanda. Tomás duerme lento, con una sonrisa.
La risa calma ayuda a soñar tranquilo.