Un día, un pequeño niño llamado Tomás jugaba en su habitación. Tomás era un niño soñador, siempre con una gran sonrisa. De repente, un personaje extraño apareció. Era un gato azul con sombrero de copa. ¡Qué divertido!
“Hola, Tomás”, dijo el gato. “¿Quieres un deseo?” Tomás, con ojos grandes, respondió: “¡Sí, quiero volar!”
El gato azul hizo un giro y dijo: “¡Hecho!” Pero cuando Tomás intentó volar, ¡se convirtió en un globo! “¡Oh, no!”, gritó Tomás. “¡Bodoque!”, el gato rió.
Tomás flotó por la habitación. “¿Y ahora qué hago?”, preguntó. “¡Sujétate fuerte!” dijo el gato, y con un soplo mágico, lo transformó en un pájaro.
Tomás voló por la ventana y vio todo desde arriba. “¡Es genial!” gritó. Pero de repente, se dio cuenta de que no sabía aterrizar. “¡Ayuda, gato!” El gato azul soltó una risa y dijo: “¡Deja que el viento te lleve!”
Tomás giró y giró, hasta que suavemente aterrizó en su cama. “¡Gracias, gato!”, dijo riendo. “¡Mucho mejor que ser un globo!” El gato sonrió y dijo: “Recuerda, siempre puedes soñar”.
Y así, Tomás se quedó dormido, soñando con ser un pájaro y con su amigo el gato azul. ¡Qué noche tan divertida!