Una mañana, una niña llamada Lila recibió una carta. “¡Ven a la fiesta de las ranas saltarinas!” decía la carta. “¡Qué divertido!” gritó Lila. Se puso su vestido amarillo y salió corriendo.
Cuando llegó al estanque, vio una rana con un sombrero enorme. “¡Hola, rana!” dijo Lila. “¿Dónde está la fiesta?”
“¡Salta y encontrarás!” respondió la rana.
Lila saltó. ¡PUM! Cayó en un charco. “¡Splash!” hizo el agua. “¡Es divertido!” dijo Lila riendo.
Luego, conoció a un pez con gafas. “¿Sabes dónde está la fiesta?” preguntó Lila.
“¡Baila y ve a buscar!” dijo el pez.
Lila bailó y, de repente, un pato apareció. “¡Cuac! ¿Bailas tú?” preguntó el pato.
“¡Sí, bailemos!” gritó Lila.
Todos bailaron en el estanque. Ranas, peces y patos. “¡Fiesta, fiesta!” cantó Lila.
Al final, Lila se reía y dijo: “¡Qué locura! ¡Quiero más saltos!” Y así, la fiesta nunca terminó.