El cocodrilo Travieso
En una granja llena de vida y color, vivía un cocodrilo llamado Coco. Coco era un cocodrilo muy especial, porque a pesar de ser un cocodrilo, no le gustaba el agua. Prefería pasar el día haciendo travesuras con sus amigos en la granja. Sus amigos eran la cabra Chispita, el cerdito Rosado, y el pato Plumitas.
Una mañana, Coco se despertó con una idea traviesa. "¡Hoy voy a hacer un pastel gigante de fango!", pensó mientras se levantaba con una sonrisa pícara.
"¡Chispita, Rosado, Plumitas! ¡Vamos a hacer un pastel de fango!", llamó Coco emocionado.
Chispita saltó de alegría, Rosado gruñó de emoción y Plumitas soltó un cuac de entusiasmo.
La gran aventura del pastel de fango
Coco, Chispita, Rosado y Plumitas se dirigieron al gran charco de barro detrás del granero. "Vamos a necesitar mucha agua para el fango", dijo Coco. Chispita, que era una cabra muy lista, sugirió: "¡Podemos usar los cubos de la granja!"
Así que los cuatro amigos fueron a buscar los cubos. Coco llevaba uno grande, Chispita uno mediano, Rosado uno pequeño, y Plumitas uno muy pequeñito.
Empezaron a llenar los cubos con agua del abrevadero. Pero, de repente, Plumitas tropezó y ¡plaf! Se cayó en su cubo. Todos rieron mucho, y Plumitas sacudió sus plumas riendo también.
Con los cubos llenos, fueron al charco de barro y comenzaron a mezclar. Coco movía su cola como si fuera una cuchara gigante. Chispita saltaba alrededor para mezclar mejor, Rosado rodaba por el fango y Plumitas chapoteaba felizmente.
Un pastel muy especial
Después de mucho mezclar y reír, el pastel de fango estaba listo. "¡Miren qué grande es!", exclamó Coco con los ojos brillantes de felicidad.
"¡Parece una montaña!", dijo Chispita. Rosado puso la nariz en el pastel y dejó un gracioso gruñido en el fango. Plumitas corrió alrededor dejando huellas de patitas.
Entonces, Coco tuvo otra idea: "¡Vamos a decorar el pastel con flores y hojas!", propuso.
Todos buscaron por la granja las flores más bonitas y las hojas más verdes. Cuando terminaron, el pastel de fango parecía un jardín encantado.
"¡Es el mejor pastel de fango del mundo!", dijo Coco, muy orgulloso. Todos se sentaron alrededor del pastel y, aunque no podían comerlo, imaginaron que era el pastel más delicioso que habían visto.
Así terminó un día lleno de risas y juegos en la granja. Coco, Chispita, Rosado y Plumitas sabían que, aunque el pastel de fango no era para comer, había sido la mejor travesura que habían hecho juntos.