Lucas despierta temprano y se asoma a la ventana. El sol brilla y el jardín está lleno de flores de colores. Hoy es un día especial, porque es Pascua. Lucas sonríe y corre al cuarto de su hermano Tomás.
—¡Tomás, despierta! ¡Ya es Pascua!
Tomás se frota los ojos y sonríe.
—¡Vamos a buscar huevos!
Los dos bajan las escaleras corriendo y ven a su amigo Pablo, que llega con una cesta grande.
—¡Hola, amigos! ¿Listos para la caza de huevos? —dice Pablo con una sonrisa muy grande.
Lucas salta de alegría.
—¡Sí! Mamá ha escondido huevos de colores en el jardín. Hay que encontrarlos todos.
Los tres se ponen sus gorros de conejo y salen al jardín. El césped está fresquito y huele a flores.
—Miren, un huevo azul detrás del árbol —dice Tomás.
Tomás corre y recoge el huevo azul.
—¡Uno para la cesta!
Pablo busca detrás de una maceta y grita:
—¡Aquí hay un huevo verde!
Lucas mira debajo del banco y encuentra uno amarillo.
—¡También encontré uno!
Los niños ríen y saltan mientras buscan más huevos. Pero de pronto, Lucas ve algo curioso. Hay un huevo grande, muy brillante, encima de una rama bajita.
—Ese huevo está muy alto —dice Lucas.
Tomás mira la rama y se pone un poco pensativo.
—¿Cómo podemos llegar?
Pablo se acerca y dice:
—Podemos hacer una torre con nuestras manos.
Tomás se pone firme, Pablo sube sobre sus rodillas, y Lucas, con cuidado, sube encima de Pablo.
—¡Puedo tocarlo! —grita Lucas, y agarra el huevo brillante.
Los tres se abrazan y se ríen.
—¡Equipo huevo! —dice Tomás.
Siguen buscando y encuentran más huevos detrás de las flores, al lado de la casita de muñecas, y debajo de una hoja grande.
De repente, Tomás tropieza y su huevo rueda por el césped.
—¡Oh no, mi huevo!
Lucas corre tras el huevo y lo atrapa antes de que llegue al estanque.
—¡Aquí tienes, Tomás!
Tomás sonríe y abraza a Lucas.
—Gracias, eres mi mejor amigo.
El sol brilla más fuerte y las cestas se llenan de huevos de todos los colores: rojo, verde, azul, amarillo, naranja y rosa.
—¡Tenemos muchos huevos! —dice Pablo.
Lucas mira la cesta grande y dice:
—Ahora vamos a compartirlos.
Se sientan en una manta y abren los huevos. Dentro hay dulces, pegatinas y figuritas de conejos.
—Mira, una pegatina de pollito —dice Tomás riendo.
Pablo encuentra una figurita de conejo y la pone en medio.
—¡Es el rey de los huevos!
Los tres amigos comen dulces, juegan con las pegatinas y ríen juntos.
El aire está lleno de risas y de colores de Pascua.
Cuando llega la tarde, los niños se abrazan.
—Esta ha sido la mejor Pascua —dice Lucas, con una sonrisa tranquila.
Sienten el amor de la amistad y la familia, y miran el cielo azul, sintiéndose felices y seguros, sabiendo que han vivido un día lleno de alegría y de magia.