Parte 1: El mapa de colores
Sofía se despierta con el canto de los pajaritos. El sol entra por su ventana y pinta la habitación de amarillo suave. Hoy es un día especial. Ella salta de la cama y corre hacia la cocina, donde huele a pan tostado y a chocolate caliente.
En la mesa encuentra un sobre grande. Es azul y tiene pegatinas de conejos y flores. Sofía mira a su mamá y pregunta:
—¿Puedo abrirlo?
La mamá sonríe y asiente.
Sofía abre el sobre y saca un mapa. Las líneas son de muchos colores y hay dibujitos de huevos, mariposas y un gran conejo sonriente.
—Hoy vamos a buscar tesoros de Pascua —dice la mamá—. El mapa te guiará.
Sofía aplaude. ¡Le encantan las búsquedas! Se pone sus zapatillas rojas y una chaqueta verde. La mamá le da la mano y juntas salen al jardín.
Parte 2: La búsqueda de los huevos mágicos
El jardín está lleno de flores y mariposas. El mapa dice: “Busca bajo la flor más grande”. Sofía mira alrededor. Hay una flor rosa, muy alta y abierta como un paraguas. Corre hacia ella y se agacha. Allí, entre las hojas, encuentra un huevo de chocolate envuelto en papel dorado.
—¡Mira, mamá! —grita Sofía—. ¡Un huevo brillante!
—¡Bravo, Sofía! —responde la mamá—. ¿Qué dice el mapa ahora?
Sofía mira el mapa. La siguiente pista tiene un dibujo de un árbol y una nube. “Busca donde el árbol toca el cielo”.
Sofía camina hasta el árbol más alto del jardín. El tronco es fuerte y las ramas bailan con el viento. Debajo de una rama, Sofía ve algo azul. Es una cajita con forma de nube. La abre y dentro hay pegatinas de conejos y una pequeña pulsera de cuentas de colores.
Sofía se pone la pulsera y sonríe.
—¡Es mágica! —dice bajito.
La mamá le guiña un ojo.
—Hoy todo es un poco mágico.
El mapa tiene otra pista. Ahora muestra un arbusto y un sol. “Donde el sol calienta las hojas”, lee Sofía. Busca y busca, hasta que ve un rayo de sol que brilla en el césped. Allí, hay un huevo de chocolate, esta vez envuelto en papel verde.
—Otro huevo, mamá —dice Sofía, feliz.
Parte 3: El conejo saltarín y la gran sorpresa
De repente, Sofía ve algo moverse detrás de los arbustos. Es pequeño y blanco, con orejas largas.
—¡Mira, un conejito! —exclama Sofía.
El conejito salta cerca de ellas y parece guiarlas. Sofía y la mamá lo siguen despacito. El conejito se detiene junto a una cesta grande, llena de huevos de muchos colores y lazos de seda. Hay una nota que dice: “Feliz Pascua, Sofía”.
Sofía se sienta en la hierba. Toca los huevos, huelen a chocolate, fresa y caramelo. El conejito les da vueltas y Sofía ríe.
—Gracias, conejito —le dice—. ¡Eres mi amigo de Pascua!
El conejito mueve la nariz y parece sonreír.
Sofía comparte los huevos con su mamá. Juntas, saborean el chocolate y miran el cielo. El sol brilla, las mariposas vuelan y el conejito se esconde entre las flores, pero Sofía sabe que está cerca.
La mamá le acaricia el pelo y le susurra:
—Hoy has vivido una Pascua muy especial, Sofía.
Sofía se acurruca en los brazos de su mamá, feliz y tranquila.
—Me gusta buscar tesoros contigo —dice.
El día termina con risas, abrazos y colores. La cesta de huevos está llena, y el corazón de Sofía, también. Todo es suave, dulce y mágico, como una Pascua de ensueño.