Luna se despertó un día soleado. Era el día de Pascua. "¡Huevo de chocolate, aquí voy!" dijo con una gran sonrisa. Pero, ¡oh no! Su huevo especial no estaba. "¿Dónde está mi huevo?" preguntó Luna.
Su amigo, el conejito Tito, saltó cerca. "¿Buscas tu huevo?" preguntó Tito. "Sí, ¡vamos a buscarlo!" respondió Luna, emocionada.
Juntos, caminaron por un jardín mágico. "Mira, flores de colores y mariposas volando", dijo Luna. "¡Son hermosas!" Tito asintió. "¡Vamos a mirar detrás de los árboles!"
Miran detrás de un árbol. "Nada aquí", dijo Luna. "¿Y allá?" preguntó Tito, señalando un arbusto.
¡Sorpresa! Allí estaba el huevo de chocolate. "¡Lo encontré!" gritó Luna. "¡Es grande y brillante!" Tito sonrió. "¡Es el mejor huevo de Pascua!"
Luna y Tito se sentaron en el césped. "Vamos a compartirlo", dijo Luna. "¡Sí!" respondió Tito.
El sol brillaba y todo era alegría.