En un lugar muy lejano, vivía un estegosaurio llamado Estela. Estela tenía una hermosa espalda cubierta de placas brillantes. Un día, Estela decidió que quería encontrar un nuevo hogar. "¡Quiero un lugar bonito!", dijo con entusiasmo.
Estela caminó por un valle verde, lleno de flores. Las flores eran de muchos colores: rojas, azules y amarillas. "¡Qué bonito es este lugar!", pensó Estela. Pero, de repente, escuchó un sonido. "¡Boom! ¡Boom!" Era un volcán que rugía. Estela se asustó un poco. "¡Oh no! Debo irme de aquí", dijo rápidamente.
Estela siguió su camino. Caminó y caminó, y llegó a un río. El agua era clara y fría. "¡Me gusta este río!", dijo Estela. Se asomó para beber. Allí encontró a un amigo, un pequeño triceratops llamado Tito. "¡Hola, Estela!", gritó Tito. "¿Qué haces aquí?".
"Busco un nuevo hogar", respondió Estela. "¿Quieres venir conmigo?". Tito sonrió y dijo: "¡Sí, vamos!". Juntos, Estela y Tito siguieron explorando. Pasaron por árboles altos y piedras grandes.
Finalmente, encontraron un lugar hermoso, lleno de árboles y flores. "¡Este es el lugar perfecto!", dijo Estela. Tito saltó de alegría. "¡Sí! ¡Es nuestro hogar!", exclamó.
Desde entonces, Estela y Tito vivieron felices en su nuevo hogar, llenos de aventuras y risas.