Primera parte: El reloj misterioso
Mateo es un niño curioso de cuatro años. Tiene ojos grandes y una sonrisa suave. Le encanta preguntar “¿Por qué?” y reírse de las cosquillas en los pies. Vive en una casa llena de cuentos y juguetes. Un día lluvioso, Mateo encuentra algo brillante debajo de la alfombra del salón. Es un reloj redondo, muy antiguo y grande como una naranja. El reloj tiene manecillas doradas y números que bailan cuando Mateo los mira.
Mateo llama a mamá.
“Mamá, mira lo que encontré”, dice Mateo.
“¡Oh! Ese reloj es muy especial”, responde mamá. “Era de tu abuelo. Es un reloj mágico. Pero hay que tratarlo con mucho cuidado”.
Mateo toca el reloj. Siente cosquillas en los dedos.
“¿Puedo jugar con él?”, pregunta Mateo.
“Sí, pero recuerda: si viajas en el tiempo, siempre debes volver antes de la merienda”, dice mamá.
Mateo se ríe. Él piensa que viajar en el tiempo suena divertido. Da vuelta a la manecilla grande. El reloj hace “tic-tac, tic-tac” y, de repente, ¡el mundo gira! Todo da vueltas y vueltas, como una calesita suave. Mateo cierra los ojos y siente que flota.
Segunda parte: Mateo en el pasado
Mateo abre los ojos. Mira a su alrededor. Ya no está en su casa. Está en un campo verde, lleno de flores azules y mariposas. El aire huele a pan recién hecho. Mateo ve una niña pequeña con trenzas jugando cerca de un arroyo. La niña tiene un vestido largo y un lazo de tela.
“Hola”, dice Mateo con voz tímida.
“¡Hola! ¿Quién eres?”, pregunta la niña.
“Me llamo Mateo. Vengo de muy lejos”, dice Mateo.
“¿Más lejos que la montaña?”, pregunta la niña, asombrada.
“Sí, ¡mucho más lejos! Vengo del futuro”, responde Mateo bajito.
La niña se ríe. “¡Qué gracioso! ¿Y a qué has venido?”
Mateo piensa. “Quiero ver cómo era todo antes. ¿Juegas conmigo?”
“Claro”, dice la niña. “Ven, vamos a buscar piedras lisas”.
Juegan juntos. Mateo corre, salta y aprende a lanzar piedras sobre el agua. “¡Salta, piedra, salta!”, grita Mateo. La niña ríe y aplaude. Mateo se siente feliz.
De pronto, Mateo ve un pan sobre la mesa de la niña.
“¿Lo has hecho tú?”, pregunta Mateo.
“No, lo hizo mi abuela. Ella me enseña a amasar y esperar con paciencia”, dice la niña.
Mateo prueba el pan. Sabe diferente. “Está rico. Es simple, pero muy bueno”, dice.
La niña sonríe.
“En mi casa hay muchas cosas modernas, pero me gusta este pan sencillo”, piensa Mateo. Siente que aprender cosas nuevas es bueno, pero también es bonito disfrutar lo simple.
Mateo mira el reloj mágico. Faltan pocos minutos para la merienda.
“Es hora de volver”, dice Mateo, un poco triste.
La niña le da un abrazo. “Vuelve cuando quieras, Mateo del futuro”.
El reloj hace “tic-tac, tic-tac”. El campo, la niña y el arroyo empiezan a desaparecer suavemente, como si fueran pompas de jabón.
Tercera parte: De vuelta al presente
Mateo abre los ojos. Está de nuevo en su salón, bajo la luz suave de la tarde. Mamá está sentada en el sofá, con una taza de leche.
“¿Has viajado, pequeño explorador?”, pregunta mamá.
Mateo sonríe.
“Sí, mamá. Fui al pasado. Conocí a una niña. Jugamos juntos y comí pan simple y rico”, cuenta Mateo.
“¿Y aprendiste algo?”, pregunta mamá.
Mateo piensa un momento.
“Sí. No siempre lo mejor es lo más nuevo. A veces lo simple es lo más bonito. Y siempre hay que volver antes de la merienda”, dice Mateo con voz alegre.
Mamá le acaricia el pelo.
“Eso es muy sabio, Mateo. Ser humilde es saber disfrutar lo sencillo y aprender de todo”, dice mamá.
Mateo abraza el reloj mágico. “Gracias por la aventura”, susurra. Apunta en su cuaderno:
Hoy viajé en el tiempo. Jugué y aprendí. El pasado es bonito y el presente también. Fin del viaje. Mateo.
Mateo toma su merienda. Pan con mantequilla y leche tibia. Está contento y tranquilo. Mira por la ventana y ve cómo sale el sol después de la lluvia. Sabe que puede volver a viajar con su reloj mágico, pero por ahora, le gusta mucho estar en casa, con mamá y su merienda rica.
Colorín colorado, este viaje ha terminado. Mateo sonríe, se siente feliz y seguro. El reloj mágico descansa, esperando la próxima aventura.