En un mundo lleno de volcanes y árboles altos, vivía un pequeño estegosaurio llamado Tito. Tito tenía un cuerpo grande y espinas en su espalda. Era un dinosaurio muy curioso. Un día, mientras exploraba, vio algo brillante detrás de un gran árbol.
—¡Mira! —dijo Tito emocionado—. ¿Qué será eso?
Tito se acercó al árbol y descubrió una puerta secreta. Era una puerta pequeña, cubierta de hojas verdes. Tito empujó la puerta con su nariz, ¡y se abrió!
—¡Wow! —exclamó Tito—. ¡Qué lugar tan hermoso!
Al otro lado de la puerta había un jardín mágico. Había flores que brillaban, mariposas de colores y un río que cantaba. Tito nunca había visto algo así.
—¡Hola! —dijo una voz suave.
Tito miró y vio a una triceratops llamada Lila. Ella tenía tres cuernos y una sonrisa grande.
—¡Hola, Tito! —dijo Lila—. Bienvenido a mi jardín mágico.
—¡Es hermoso! —respondió Tito—. ¿Puedo quedarme un rato?
—¡Claro! —dijo Lila—. Juguemos juntos.
Tito y Lila jugaron a correr entre las flores y a saltar sobre las piedras del río. Se reían y disfrutaban. Tito se sentía feliz y seguro.
—¡Vamos a explorar más! —propuso Lila.
Juntos, fueron a buscar más sorpresas en el jardín mágico. Tito sonrió y dijo:
—¡Esto es lo mejor!
Al caer el sol, Tito sabía que debía regresar a casa.
—¿Podré volver? —preguntó Tito.
—Siempre serás bienvenido —respondió Lila—. Este es tu lugar también.
Tito salió por la puerta mágica, contento y lleno de recuerdos. Regresó a su hogar, pero sabía que siempre podría volver al jardín mágico de Lila. ¡Y así, Tito y Lila se hicieron amigos para siempre!