Había una vez una pequeña niña llamada Lila. Lila era muy curiosa. Le gustaba mirar las nubes y contar estrellas. Una noche, mientras miraba el cielo, vio una estrella muy brillante.
—¡Hola, estrella! —dijo Lila—. ¿Por qué brillas tan fuerte?
La estrella sonrió y respondió:
—Brillo porque tengo sueños. ¿Tú tienes sueños, Lila?
Lila pensó un momento.
—Quiero jugar y ser feliz —dijo.
—Eso es hermoso —dijo la estrella—. Pero, ¿qué es la felicidad para ti?
Lila miró a su alrededor. Vio su jardín lleno de flores.
—La felicidad son las flores, el sol y los abrazos de mi mamá —respondió con alegría.
La estrella brilló aún más.
—Cada flor es un sueño, Lila. Cuida tus sueños como cuidas las flores.
Lila sonrió y decidió que quería tener un jardín de sueños.
—¿Dónde está el jardín de los sueños? —preguntó.
—Está en tu corazón —dijo la estrella—. Cuando sueñas, plantas una semilla.
Lila sintió que su corazón latía fuerte.
—¿Y cómo cuido mis sueños? —preguntó.
—Con amor y cuidado —respondió la estrella—. Riega tus sueños con sonrisas y abrazos.
Lila miró hacia el cielo y dijo:
—¡Gracias, estrella! Cuidaré mis sueños.
Esa noche, Lila soñó con un jardín lleno de flores. Cada flor representaba un sueño. Había flores de colores, grandes y pequeñas.
—¡Voy a regar mis sueños! —exclamó Lila mientras soñaba.
Al despertar, Lila corrió al jardín. Observó las flores.
—¡Buenos días, flores! —dijo con alegría. —Hoy cuidaré de ustedes.
Lila cuidó su jardín. Regó las flores y les habló. Las flores crecieron fuertes y hermosas.
—¡Mira, estrella! Mis sueños crecen —gritó Lila al cielo.
La estrella brilló con alegría.
—Recuerda, Lila, la verdadera felicidad se encuentra en cuidar tus sueños y compartir amor.
Lila sonrió y abrazó a su mamá.
—Hoy seré feliz, porque cuidaré mis sueños.
Y así, Lila aprendió que los sueños son como flores. Con amor y cuidado, siempre florecen.