Sofía era una niña de dieciocho meses. Tenía unos ojos grandes y brillantes, y una sonrisa que iluminaba todo a su alrededor. Un día, Sofía decidió jugar en el jardín. ¡Era un día soleado y hermoso!
“¡Voy a jugar!”, gritó Sofía con alegría. En el jardín, estaba su mejor amigo, el pequeño perro Lucas. Lucas era un perrito travieso, con orejas largas y una cola que movía como un ventilador.
“¡Hola, Lucas!”, dijo Sofía. “¿Quieres jugar conmigo?”
“¡Guau, guau!”, ladró Lucas, saltando de felicidad. Sofía y Lucas comenzaron a correr por el jardín. Corrían aquí y allá, riendo y jugando.
De repente, Sofía vio algo brillante. “¡Mira, Lucas! ¡Un globo!” El globo era rojo y flotaba alto en el aire. “¡Vamos a atraparlo!” Sofía estiró sus manitas, pero el globo estaba muy alto.
“¡Guau, guau! ¡Yo puedo ayudar!”, dijo Lucas. Saltó y saltó, pero no pudo alcanzarlo.
“¡No te preocupes, Lucas!”, dijo Sofía. “¡Contemos hasta tres!”
“¡Uno, dos, tres!” gritaron juntos. Sofía saltó y Lucas saltó. ¡Y de repente, el globo bajó!
“¡Lo atrapamos!”, gritó Sofía. El globo rebotó y se fue volando, pero Sofía y Lucas se abrazaron, riendo. “¡Qué divertido es jugar contigo, Lucas!”
“¡Guau, guau! ¡Eres mi mejor amiga, Sofía!”
Y así, Sofía y Lucas continuaron jugando, riendo y compartiendo su día. ¡La amistad es el mejor juego de todos!