Un día, cuatro amigos se encontraron en el parque. Eran Lía, Tomás, Ana y Pablo. Lía tenía una gorra roja, Tomás una camiseta azul, Ana unos zapatos amarillos, y Pablo un peluche gigante.
—¡Vamos a jugar! —dijo Lía con una sonrisa.
—¿A qué jugamos? —preguntó Tomás.
—¡A la búsqueda del tesoro! —propuso Ana.
—¡Sí! —gritó Pablo.
Los amigos comenzaron a buscar. Encontraron una piedra brillante.
—¡Es un tesoro! —dijo Lía.
—¡Es una... piedra! —rió Tomás.
—¡Pero podemos pintarla! —sugirió Ana.
Los amigos pintaron la piedra de colores.
—¡Ahora es un super tesoro! —dijo Pablo.
Juntos, rieron y jugaron todo el día.
—¡La amistad es el mejor tesoro! —gritaron al unísono.
Y así, todos se fueron a casa felices, con risas y colores en el corazón.