Lola tiene 4 años. Hoy lleva un lazo rojo. Va al parque con sus amigos: Pipo el perrito, Nena la gata y Tito el patito.
En la arena hay un cubo azul. También hay una pala roja. Lola mira y dice: “¡Mío!”. Pipo mira y dice: “¡Mío!”. Nena mira y dice: “¡Mío!”. Tito aplaude: “¡Cuá-cuá, mío!”.
Se miran. Se ríen. “Je-je”, hace Lola. “Guau-guau”, hace Pipo. “Miau-miau”, hace Nena. “Cuá-cuá”, hace Tito.
Lola tiene una idea. “Vamos a hacer una tarta de arena”, dice. “¡Sí!”, responden todos.
Pero pasa una cosa muy tonta. Pipo trae hojas, “ras-ras”, y las pone en el cubo. Nena trae una flor, “snif-snif”, y la pone en la pala. Tito trae agua del charco, “plouf”, y la echa encima. Lola mira la tarta. “¡Uy! ¡Está rara!”, dice.
Pipo dice: “Es sopa”. Nena responde: “Es ensalada”. Tito dice: “Es baño”. Lola se tapa la boca y se ríe: “¡Ja-ja-ja!”.
Entonces Lola reparte. “Tú, cubo”, dice a Pipo. “Tú, pala”, dice a Nena. “Tú, agua”, dice a Tito. “Y yo… yo mezclo”, dice Lola.
“Hop, hop”, remueven. “Toc-toc”, dan palmaditas. “Plas, plas”, alisan. Ahora la tarta parece tarta.
Viene una hormiga. “Hola”, dice Lola. Le pone un granito al lado. “Para ti”. La hormiga se va, “tic-tic”.
Se sientan juntitos. La tarta no se come, pero da mucha risa. El sol baja suave. Lola bosteza. “Mmm”. Pipo se acurruca. Nena ronronea. Tito hace “cuá” bajito.
\nCompartir y ayudar hace el juego más feliz y más tranquilo.