Pablo está en el parque. Lleva una camiseta azul y sus zapatillas favoritas. Mira a su alrededor y ve a su amigo Tomás. Tomás tiene un globo rojo y una sonrisa grande. Pablo corre y grita: “¡Hola, Tomás!”. Tomás responde: “¡Hola, Pablo!”.
Pablo quiere tocar el globo. Lo intenta. “¡Dame el globo!”, dice. Tomás ríe y dice: “¡Atrápalo!”. El globo sube, baja y da vueltas. Pablo corre, Tomás corre, los dos ríen. El globo casi se escapa. “¡Oh, oh!”, dice Pablo con ojos grandes. Pero Tomás lo atrapa rápido. “¡Mira, Pablo, es tu turno!”, dice Tomás y le da el globo.
Pablo salta de alegría. Sostiene el globo y lo mueve de un lado a otro. De repente, el globo toca el suelo. “¡Ay, no! ¡Sucio!”, dice Pablo. Tomás mira el globo. Su cara es graciosa. “¡El globo está bien!”, dice Tomás. Pablo lo mira y se ríen juntos.
Aparece Lucía con una caja de galletas. “¿Galletas?”, pregunta. Pablo grita: “¡Sí!”. Tomás también. Los tres se sientan en el césped. Comparten el globo y las galletas. Hablan, ríen y hacen caras tontas.
El sol baja despacio. Pablo bosteza. Lucía abraza a Pablo y Tomás. Todos sonríen.
Jugar juntos es divertido porque compartir y reír hace la tarde más feliz.