En un gran valle verde, un estegosaurio llamado Estela caminaba despacio. Estela tenía espinas grandes y suaves. Le gustaba jugar bajo el sol. Un día, conoció a un triceratops llamado Tito.
—¡Hola, Estela! —dijo Tito, moviendo su cola.
—¡Hola, Tito! —respondió Estela, sonriendo.
Estela y Tito jugaron a las escondidas. Se escondieron detrás de grandes rocas. ¡Qué divertido! Después, conocieron a una pequeña pterodáctilo llamada Pía.
—¿Quieres jugar con nosotros? —preguntó Estela.
—¡Sí, sí! —dijo Pía, volando en círculos.
Los tres amigos jugaron juntos todo el día. Corrieron, rieron y exploraron el valle. ¡Era un lugar mágico! Había flores grandes y árboles altos.
—¡Mira, un río! —dijo Tito.
—¡Vamos a nadar! —exclamó Estela.
Saltaron al agua fresca. ¡Salpicaban y reían! Al caer la tarde, se sentaron bajo un árbol.
—Eres mi mejor amiga, Estela —dijo Pía.
—Y tú también, Pía —respondió Estela.
Así, Estela, Tito y Pía se hicieron grandes amigos. En su valle, siempre había juegos y risas. ¡Un día lleno de alegría!