Aina tiene tres años. Aina vive cerca de un gran rosal. Un día, Aina encuentra una puerta redonda entre las ramas. La puerta brilla. La puerta huele a lluvia y a ciencia. Aina toca la puerta. La puerta se abre.
Del otro lado hay un pasillo de colores. El pasillo canta muy bajo. Aina camina. "Hola", dice Aina. Una luz pequeña responde: "Hola, Aina". La luz es amiga. La luz se llama Luma. Luma es cálida y suave. Luma dice: "Este pasillo lleva en el tiempo". Aina mira sus manos. "¿En el tiempo?", pregunta. "Sí", dice Luma. "Vamos a ver. Poco a poco".
Aina entra. El pasillo se mueve como un tren lento. Afuera la luz cambia. Primero hay flores grandes. Flores gigantes como sombrillas. Aina ríe. "¡Guau!", dice. Una abeja grande la saluda. La abeja lleva una gorra pequeña. La abeja dice: "Cuida las flores". Aina asiente. "Siempre cuido", promete. La abeja sonríe. "Buena promesa", dice. Aina anota en su pequeño cuaderno de mano: "Cuidar flores". Su cuaderno tiene una taza dibujada. Aina dibuja una abeja.
El pasillo vuelve a cantar. Ahora las piedras hablan. "Antes", dice una piedra, "nosotros éramos redondas". Aina escucha. Aina pregunta: "¿Qué significa antes?" Luma explica con calma: "Antes es tiempo pasado. Pasado y ahora y después. Son como páginas de un libro." Aina toca una piedra. Está tibia. La piedra le enseña una regla: "No mover". "¿Por qué?", pregunta Aina. "Si mueves, cambias el ahora", dice la piedra. Aina repite: "No mover". Aina escribe: "No mover piedras". Aina es responsable. Aina recuerda las palabras. Es fácil repetir. No mover. No mover. No mover.
El pasillo canta otra vez. Esta vez hay coches que vuelan. Coches suaves. Coches que huelen a pan. Un niño pequeño olvida su gorro. El niño espera. Aina mira. Aina da su gorro de flor a la niña pequeña. "Toma", dice. La niña dice "gracias". Aina siente cosquillas de alegría. En su cuaderno escribe: "Ayudar". Aina aprende que ayudar no cambia el tiempo malo, solo hace sonreír.
Más adelante aparece un espejo que muestra futuros posibles. El espejo no miente, solo muestra opciones. Aina ve muchas Ainases. Una Aina con un sombrero azul. Otra Aina con botas rojas. Aina se ríe. Luma le susurra: "Puedes mirar, pero no sacar nada". Aina entiende. Anota: "Mirar, no tocar". Aina dibuja su cara feliz.
De repente pasa un pequeño problema. Un pajarito del pasado quiere llevarse una semilla del presente. "Si me llevo la semilla, ¿germinará diferente?", pregunta el pajarito. Aina respira hondo. Recuerda las reglas. Respira. "Podemos compartir otra semilla", propone. El pajarito acepta. Aina da permiso con cuidado. No romper. No llevar cosas del tiempo. El pajarito se marcha cantando. Aina escribe: "Compartir, pedir permiso".
El pasillo se vuelve tibio. El sol del presente asoma. Aina piensa en su mamá. Piensa en su jardín. Luma la acompaña. "¿Todavía puedo jugar con el tiempo?", pregunta Aina. Luma dice: "Sí, con cuidado. Respetando las reglas. Tiempo es tesoro." Aina asiente. Sabe que ser pequeña no es motivo para romper reglas. Ser responsable es un juego bonito.
Antes de volver, Aina hace una lista en su cuaderno. Lista de buenas acciones: cuidar flores, no mover piedras, ayudar, mirar sin tocar, compartir, pedir permiso. Aina guarda el cuaderno en su bolsillo. Luma le da un brillo para recordar las reglas. Brillo en la mano. Brillo como una galleta de luna.
La puerta redonda aparece otra vez entre ramas. Aina camina. El pasillo canta despedida. La puerta huele a rosal y a casa. Aina sale. Su mamá está cerca, regando. "Mamá", dice Aina corriendo. La mamá abraza a Aina. "¿Viste flores grandes?", pregunta la mamá. Aina sonríe y muestra su cuaderno. "Mira", dice. La mamá lee la lista y sonríe. "Muy responsable", dice.
Esa noche, Aina pone el cuaderno en la mesita. Mira el brillo en su mano. Piensa en Luma, el pajarito y la abeja. Piensa en las piedras que no se mueven. Se siente cálida y segura. Cierra los ojos. Sueña con pasillos que cantan. Sueña con aventuras donde cuida y comparte. En su sueño, Aina repite las reglas como una canción: "Cuidar, no mover, ayudar, mirar, compartir, pedir permiso." Y así, en su cama, en su casa, en el presente, Aina duerme tranquila.