En un bosque lleno de árboles altos y verdes, vivía un pequeño zorro llamado Zippy. Zippy era un zorro muy travieso y le encantaba hacer bromas a sus amigos. Un día soleado, decidió que era el momento perfecto para hacer una gran broma.
—¡Voy a hacer reír a todos! —dijo Zippy con una sonrisa amplia.
Zippy pensó en una broma divertida. ¡Una broma con un globo! Se encontró con su amiga la tortuga Tula, que caminaba lentamente por el sendero.
—¡Hola, Tula! —gritó Zippy—. ¡Mira este globo!
Tula miró el globo con curiosidad.
—¡Es bonito, Zippy! —dijo Tula.
Zippy, con una gran sonrisa, soltó el globo. ¡El globo voló alto, alto, alto! Tula miró hacia arriba con los ojos muy abiertos.
—¡Oh, no! ¡El globo se va! —exclamó Tula.
Zippy empezó a reírse. Pero, de repente, el viento sopló y el globo volvió a caer, ¡justo sobre la cabeza de Zippy!
—¡Sorpresa! —gritó Zippy, mientras el globo se desinflaba lentamente.
Tula se rió a carcajadas.
—¡Eso fue divertido, Zippy! —dijo Tula, riendo.
Zippy, con el globo desinflado en su cabeza, se sintió un poco tonto, pero también muy feliz.
—¡Voy a hacer otra broma! —dijo Zippy.
Zippy decidió esconderse detrás de un arbusto. Cuando Tula pasó, Zippy saltó.
—¡Boo! —gritó Zippy.
Tula, sorprendida, soltó una risa fuerte.
—¡Eres un zorro muy gracioso, Zippy! —dijo Tula.
Zippy sonrió, disfrutando de la risa de su amiga.
Al final del día, Zippy y Tula se sentaron bajo un árbol.
—Gracias por las risas, Zippy —dijo Tula, con una sonrisa.
—¡Gracias a ti, Tula! —respondió Zippy—. ¡Las bromas son mejor con amigos!
Y así, con el sol poniéndose en el horizonte, Zippy y Tula se quedaron dormidos, soñando con nuevas travesuras. ¡Fin!