La pequeña Luna jugaba con su muñeca cuando escuchó algo extraño. "¡Luna, Luna!" decía una vocecita. Luna miró alrededor, confundida. Era Pipo, su peluche de oso, ¡hablaba!
"¡Hola, Luna!", dijo Pipo con entusiasmo. "¡Vamos a la luna!" Luna rió, ¡qué ideas locas tenía Pipo! "¿A la luna?", preguntó Luna, con los ojos brillantes.
"¡Sí, sí!", exclamó Pipo. "Nos tapamos con la manta mágica y volamos". Luna tomó la manta y se cubrió con Pipo. "¡Manta mágica, llévanos!", gritó Pipo. Luna se rió tanto que casi se cae.
La habitación se llenó de risas. "¡Mira, estamos volando!", decía Pipo, moviéndose en círculos. Luna agitaba la manta y reía, disfrutando el juego.
De repente, Pipo dijo, "¡Cuidado con el queso gigante!" Luna miró al cielo imaginario. "¡Queso!", dijo, riendo a carcajadas.
Finalmente, Pipo bostezó. "Estoy cansado, Luna. Hora de dormir". Luna abrazó a Pipo y se metió bajo la manta.
"Buenas noches, Luna", dijo Pipo. "Buenas noches, Pipo", susurró Luna, cerrando los ojos. Y así, entre risas y sueños, Luna y Pipo se durmieron felices.