Era un día soleado en el parque. Los tres amigos, Lía, Tomás y Nico, estaban muy emocionados. Lía decía: “¡Vamos a jugar! ¡Vamos a divertirnos!” Tomás, que siempre tenía una sonrisa, respondió: “¡Sí! ¡Juguemos a buscar tesoros!” Nico, en su silla de ruedas, sonrió también y dijo: “¡Yo quiero buscar tesoros!”
Los tres amigos comenzaron su búsqueda. Lía encontró una piedra brillante y gritó: “¡Miren, un tesoro!” Tomás se acercó y dijo: “¡Es hermosa! ¡Es un tesoro de verdad!” Nico, con los ojos brillantes, dijo: “¡Más tesoros, más tesoros!”
Mientras buscaban, se encontraron con un gran charco de agua. Lía saltó y dijo: “¡Saltemos!” Tomás se rió y dijo: “¡Sí, saltemos!” Nico miró el charco y dijo: “¡Yo también quiero saltar!” Pero el charco era profundo. Entonces, Lía tuvo una idea: “¡Hagamos una cadena! Yo te ayudo, Nico.”
Lía y Tomás se pusieron a los lados de Nico y juntos saltaron. ¡Splash! ¡Agua por todas partes! Los tres se rieron y dijeron: “¡Qué divertido!”
Finalmente, encontraron más tesoros: hojas, flores y hasta un sombrero viejo. Tomás dijo: “¡Miren todos nuestros tesoros!” Lía sonrió y dijo: “¡Los tesoros son más divertidos juntos!” Nico asintió y dijo: “¡Sí, somos amigos!”
Al final del día, los tres amigos se sentaron en la hierba. “Hoy fue un gran día,” dijo Lía. “¡Sí, un día lleno de risas!” respondió Tomás. “¡Y muchos tesoros!” agregó Nico.
Los tres amigos se abrazaron y rieron, felices de tenerse entre ellos. ¡La mejor aventura fue su amistad!