En un soleado día de primavera, una pequeña niña llamada Lulú decidió jugar en el parque. Lulú era muy divertida y siempre estaba llena de energía. Tenía dos grandes amigos: Tito, un perrito juguetón, y Mimi, una dulce gatita.
—¡Hola, Lulú! —dijo Tito moviendo su cola—. ¿Vamos a jugar?
—¡Sí! —respondió Lulú riendo—. ¡Vamos a hacer una carrera!
Mimi, que siempre quería participar, se estiró y dijo:
—¡Yo también quiero correr!
Los tres amigos se alinearon en la línea de salida. Lulú contó:
—Uno, dos, ¡tres!
Y salieron corriendo. Lulú corría rápido, Tito saltaba y Mimi se movía de un lado a otro. Pero, ¡oh no! Tito se encontró con un charco de agua.
—¡Ay, ay, ay! —gritó Tito—. ¡No quiero mojarme!
Pero, justo cuando estaba a punto de saltar, se resbaló y ¡plaf! ¡Cayó en el charco!
—¡Tito, estás todo mojado! —rió Lulú.
Mimi, al verlo, también empezó a reírse.
—¡Eres un perro nadador! —dijo Mimi con su vocecita suave.
Tito, empapado, se sacudió y salpicó a Lulú y a Mimi.
—¡Tito, no! —gritaron las dos al mismo tiempo, intentando esquivar el agua. Pero no pudieron. ¡Las tres estaban mojaditas!
—Esto es muy divertido —dijo Lulú, riendo—. ¡Vamos a buscar más charcos!
Así que, las tres amigas comenzaron a correr por el parque, saltando de un charco a otro. Saltaban, reían y chapoteaban.
—¡Splash, splash! —hacía el agua al caer—. ¡Mira cómo salto! —gritó Lulú.
—¡Yo también! —dijo Tito, haciendo un gran salto—. ¡Splash!
—¡Yo quiero! —gimió Mimi, y con un pequeño salto, ¡splash! cayó en un charco.
Las tres estaban riendo tanto que se les hacía difícil dejar de jugar. Al final del día, estaban cansadas pero felices.
—Fue el mejor día —dijo Lulú.
—¡Sí, somos un gran equipo! —respondió Tito moviendo la cola.
Mimi ronroneó y añadió:
—¡Siempre juegan con nosotros!
Así, entre risas y charcos de agua, Lulú, Tito y Mimi aprendieron que compartir risas y juegos fortalece la amistad. Y así, terminaron el día con el corazón lleno de alegría y un poco mojados, pero muy felices. ¡Qué gran aventura!