En un valle verde y brillante, un tricératops llamado Tico paseaba. Tico tenía tres cuernos en su cabeza. Era muy divertido y siempre ayudaba a sus amigos.
Un día, Tico vio a su amiga, la pequeña estegosaurio llamada Estela. Estela estaba asustada.
—¿Qué te pasa, Estela? —preguntó Tico con voz suave.
—¡Hay un ruido raro! —respondió Estela, temblando.
—¿Qué tipo de ruido? —dijo Tico, curioso.
—¡Suena como un rugido! —dijo Estela.
Tico pensó un momento.
—No te preocupes. Vamos a averiguarlo. —Tico sonrió.
Tico y Estela caminaron juntos. El sonido se hacía más fuerte.
—¡Es un tiranosaurio! —gritó Estela.
Tico miró alrededor.
—No tengo miedo. —dijo valientemente.
Entonces, vieron al tiranosaurio, que era muy grande.
—Hola, amigo Tico. ¡Hola, Estela! —rugió el tiranosaurio.
—¡Hola! ¿Por qué ruges? —preguntó Tico.
—¡Solo estoy jugando! —dijo el tiranosaurio, riendo. —¿Quieren jugar conmigo?
Tico y Estela se miraron.
—¡Sí! —gritaron juntos.
Los tres amigos jugaron en el valle, corriendo y riendo. Tico, Estela y el tiranosaurio aprendieron que jugar juntos es muy divertido. ¡Y así, fueron felices en su mundo de dinosaurios!