Un día soleado, un pequeño velociraptor llamado Rapi caminaba por la selva. Sus ojos brillantes miraban a su alrededor. "¡Hola, mundo!" dijo Rapi con una voz alegre.
De repente, Rapi vio a su amigo, el triceratops Tico. Tico era grande y fuerte. "¡Hola, Tico!" gritó Rapi.
"¡Hola, Rapi!" respondió Tico, moviendo su cola. "¿Qué haces hoy?"
"Quiero jugar a encontrar comida," dijo Rapi. "¿Te gustaría venir?"
"Sí, me encanta la comida," dijo Tico con un gran sonrisa.
Rapi y Tico comenzaron a explorar. Rapi, que era muy rápido, corrió por el bosque. "¡Mira, Tico! ¡Hay frutas en ese árbol!" exclamó Rapi.
"¡Sí! ¡Vamos a recogerlas!" dijo Tico, emocionado.
Los dos amigos recogieron muchas frutas. Rapi dijo, "Las frutas son deliciosas. Son buenas para nosotros."
Tico asintió. "Sí, son muy saludables. Nos dan energía."
De repente, escucharon un ruido. "¿Qué es eso?" preguntó Rapi, asustado.
"Es solo el viento," dijo Tico, tranquilo. "No hay de qué tener miedo."
Rapi sonrió. "Tienes razón, Tico. ¡Vamos a seguir jugando!"
Así, los dos amigos siguieron buscando frutas. Rapi y Tico aprendieron que juntos eran más fuertes. Y así, pasaron un día feliz en la selva. Fin.