—¡Hola, niños! —dijo la policía Marta, sonriendo. Ella llevaba un uniforme azul.
—¡Hola, Marta! —gritaron los niños, Ana y Tomás.
—¿Qué haces hoy? —preguntó Ana, curiosa.
—Estoy aquí para cuidar la ciudad —respondió Marta. —Soy policía.
—¿Qué hace una policía? —preguntó Tomás, con ojos grandes.
—¡Buena pregunta! —dijo Marta. —Ayudo a las personas.
—¿Y cómo? —preguntó Ana.
—Primero, escucho. Si alguien tiene un problema, yo escucho.
—¡Wow! —dijo Tomás—. ¿Y después?
—Luego, ayudo. Puedo ayudar a encontrar cosas perdidas. Como un perro o un juguete.
—¡Eso es divertido! —dijo Ana, saltando de emoción.
—Sí. También, mantengo a todos seguros. —Marta sonrió. —Miro por el tráfico.
—¿Por qué es importante? —preguntó Tomás.
—Porque así nadie se lastima. Todos pueden jugar felices.
—¡Yo quiero ser policía! —dijo Ana, emocionada.
—¡Tú puedes! —dijo Marta. —Solo necesitas ser amable y valiente.
—Gracias, Marta. —dijo Tomás—. ¡Eres la mejor!
—¡Gracias, amigos! —dijo Marta riendo. —Ahora, ¡a jugar!
Los niños corrieron y jugaron, felices de aprender de su amiga la policía.