Pepita y Lili eran dos amigas. Pepita era curiosa y Lili siempre sonreía. Un día, Pepita y Lili decidieron buscar el misterioso "gato saltarín" que vivía en su vecindario.
"¿Dónde está el gato saltarín, Pepita?", preguntó Lili.
"¡Vamos a buscarlo!", dijo Pepita, agitando sus manitas.
Las dos amigas caminaron por el jardín. Buscaron bajo las flores y detrás de los arbustos.
"¡Miau!", se oyó de repente.
Las dos amigas miraron alrededor. Nada.
"¡Qué divertido!", rió Lili.
Siguieron caminando y, de repente, ¡Splash! Pepita pisó un charco de agua, mojándose de pies a cabeza.
"¡Ay, Pepita! ¡Eres un patito!", rió Lili.
"¡Cuac, cuac!", dijo Pepita, riéndose también.
Siguieron su camino y encontraron una caja grande.
"¿Está ahí el gato?", preguntó Lili.
Pepita asomó su cabecita. "¡Nada aquí!", dijo Pepita.
"¡Bú!", se escuchó de repente.
Las dos amigas rieron. Era solo un pajarito travieso.
"¡Pío, pío!", cantó el pajarito.
Pepita y Lili siguieron buscando y llegaron al parque. Allí vieron una cola peluda detrás de un árbol.
"¡Es el gato saltarín!", gritó Pepita emocionada.
Corrieron hacia la cola, pero al llegar, ¡sorpresa! Era solo una escoba.
"¡Qué escoba tan saltarina!", dijo Lili, riéndose.
"Nos engañó", dijo Pepita, riendo también.
"Vamos a casa", dijo Lili.
"Sí, el gato saltarín aparecerá otro día", dijo Pepita, con una sonrisa.
Así, Pepita y Lili regresaron a casa riendo. El gato saltarín seguiría siendo un misterio, pero ¡qué divertido fue buscarlo juntas! Y así, se fueron a dormir, felices y soñando con nuevas aventuras.