Había una vez una policía llamada María. María llevaba un uniforme azul brillante y un sombrero. Un día, decidió hacer una fiesta para los niños en el parque.
—¡Hola, niños! —dijo María con una gran sonrisa—. ¡Hoy vamos a aprender sobre la policía!
Los niños la miraban con ojos grandes.
—¿Qué hace una policía? —preguntó un niño.
María respondió:
—La policía cuida a las personas. ¡Es muy divertido!
María llevó a los niños a ver su coche de policía.
—¡Miren! —dijo ella—. Este es mi coche. Es rápido y seguro.
Los niños aplaudieron.
—¿Y qué más haces? —preguntó una niña.
—Ayudo a la gente —dijo María—. Les digo que sigan las reglas. Las reglas son importantes.
Los niños repitieron:
—¡Las reglas son importantes!
María les enseñó cómo cruzar la calle.
—Mira a la derecha, mira a la izquierda, y luego cruza —dijo ella.
Los niños practicaron.
—¡Muy bien! —gritó María—. ¡Son unos buenos peatones!
María también habló sobre la justicia.
—La justicia significa ser buenos y ayudar a otros —explicó—. Todos podemos ser justos.
Los niños sonrieron y dijeron:
—¡Queremos ser justos!
María se sintió feliz.
—Recuerden, siempre pueden contar conmigo —dijo ella—. ¡La policía es su amiga!
Los niños aplaudieron de nuevo. Fue un día especial. María y los niños aprendieron juntos. ¡La policía y los niños son un gran equipo!