"color: purple;">
Había una vez en el bosque un grupo de animales muy peculiares que vivían como si fueran personas. Entre ellos, se encontraba una marmota llamada Mila, quien era conocida por ser la más traviesa de todos. Un día, Mila decidió jugarle una broma a sus amigos.
Mila se acercó sigilosamente a la madriguera del conejo Rafa y comenzó a hacer ruidos extraños. Rafa salió corriendo asustado, gritando: "¡Un monstruo está en mi madriguera!". Los demás animales del bosque salieron a ver qué pasaba y se encontraron con Mila riéndose a carcajadas.
La tortuga Lola, siempre la más sensata del grupo, le dijo a Mila: "Deberías dejar de hacer bromas pesadas, Mila. Podrías asustar a alguien de verdad". Pero Mila no hizo caso y en vez de eso, decidió seguir con sus travesuras.
Esa misma tarde, Mila se coló en el estanque donde vivía el pato Lucas y le pintó rayas de colores en las plumas mientras él dormía la siesta. Cuando Lucas despertó y se vio en el reflejo del agua, no podía creer lo que veía. "¡Soy un pato arcoíris!", exclamó sorprendido.
Los demás animales del bosque no podían contener la risa al ver a Lucas nadando por el estanque luciendo tan colorido. Incluso la ardilla Pancho, que siempre estaba ocupada recolectando nueces, se unió a la diversión.
Pero la travesura final de Mila fue la más divertida de todas. Durante la noche, se disfrazó de fantasma con una sábana blanca y comenzó a aullar como un lobo. Los animales, asustados, salieron corriendo en todas direcciones, tropezándose unos con otros en la oscuridad.
Finalmente, cuando todos estaban reunidos en el claro del bosque, Mila se quitó la sábana y reveló su identidad. "¡Soy yo, Mila, la marmota traviesa!", dijo entre risas. Los demás animales no pudieron evitar reírse también y, aunque al principio estaban molestos, terminaron por perdonar a Mila por sus travesuras.
Desde aquel día, Mila prometió no hacer más bromas pesadas y todos los animales del bosque volvieron a vivir en armonía, disfrutando de la compañía y las risas compartidas.