Era un día soleado en el jardín. La pequeña Ana sonreía. "¡Hoy es un día especial!" dijo Ana. "¡Es el día de los huevos de Pascua!"
Ana miró a su alrededor. "Voy a decorar huevos para mi familia y mis amigos", pensó. Tenía pintura de muchos colores. "¡Rojo, azul, amarillo!" decía mientras pintaba.
Ana pintó un huevo rojo. "¡Mira, mamá! ¡Es un huevo rojo!" La mamá sonrió. "¡Es muy bonito, Ana!"
Ana pintó un huevo azul. "¡Mira, papá! ¡Es un huevo azul!" El papá aplaudió. "¡Bravo, Ana!"
Ana pintó un huevo amarillo. "¡Mira, abuela! ¡Es un huevo amarillo!" La abuela rió. "¡Qué lindo, Ana!"
Después de pintar, Ana pensó en una sorpresa. "¡Voy a esconder los huevos!" dijo. "¡Será una aventura!"
Ana escondió los huevos en el jardín. "Uno detrás del árbol, otro bajo la flor", decía mientras escondía cada huevo.
Llamó a su familia. "¡Vengan! ¡Es hora de la búsqueda!" Todos fueron al jardín. "¿Dónde están los huevos?" preguntó el papá.
"¡Busquen, busquen!" dijo Ana. Todos buscaron juntos. "¡Aquí hay un huevo!" gritó la mamá. "¡Y aquí hay otro!" dijo el papá.
Ana reía y saltaba. "¡Qué divertido!" decía. Al final, todos encontraron los huevos.
"¡Gracias, Ana! ¡Fue una gran sorpresa!" dijeron. Ana sonrió. "¡Pascua es alegría!"