Era un día brillante de primavera. Ana y sus amigas estaban emocionadas. "¡Es Páscoa!", gritaron juntas. Ana había preparado una gran sorpresa. Había escondido muchos huevos de colores en el jardín.
"¡Miren! Hay un huevo rojo aquí", dijo María, señalando con su dedito. "¡Y aquí hay uno azul!", gritó Lucía, saltando de alegría. Las amigas corrían y reían.
"¡Vamos a buscar más!", dijo Ana. Pero, oh no, un conejo travieso pasó corriendo. "¡Espera, conejo!", gritaron las niñas. El conejo se paró y las miró.
"¿Buscan huevos?", preguntó el conejo con una gran sonrisa. "Sí, queremos más sorpresas", respondieron las niñas.
El conejo les mostró un árbol. ¡Había un huevo gigante en la rama! "¡Sorpresa!", exclamaron todas. Reían y bailaban. El día de Páscoa fue mágico y lleno de alegría.