Un día, un niño llamado Juanito estaba en el parque. Juanito tenía una gran sonrisa y un gorro rojo. ¡Le encantaba jugar!
De repente, vio a su amiga Clara. Clara tenía un vestido azul y una risa contagiosa. “¡Hola, Clara!” gritó Juanito. “¡Vamos a jugar a hacer burbujas!”
“¡Sí!” respondió Clara con alegría.
Juanito y Clara tenían un pequeño problema. ¡No sabían cómo hacer burbujas grandes! “¿Qué hacemos?” preguntó Juanito. “¡Hagamos un plan!” dijo Clara emocionada.
Primero, Juanito llenó un tazón con agua y jabón. Clara tomó un popote. “¡Sopla fuerte!” dijo Clara. Juanito sopló, pero... ¡sólo salió un pequeño globo! “¡Inténtalo de nuevo!” animó Clara.
Juanito sopló otra vez y… ¡boom! ¡Salieron burbujas volando! “¡Mira, Clara!” gritó Juanito. “¡Burbuja gigante!”
“¡Sí! ¡Es increíble!” dijo Clara riendo. Pero de repente, una burbuja fue hacia el árbol. “¡Atrápala!” dijo Juanito. Clara corrió, pero ¡la burbuja rebotó y se subió más alto!
“¡Oh no!” lloró Clara, pero luego empezó a reír. “¡Es divertida! ¡Sigue soplando!”
Juanito sopló y sopló, y más burbujas aparecieron. “Mira cuántas!” dijo Juanito. “¡Son como globos de colores!”
“¡Vamos a hacer una fiesta de burbujas!” gritó Clara. Así que llamaron a sus amigos. “¡Todos a jugar!” dijeron juntos.
El parque se llenó de risas y burbujas. Todos jugaban y corrían, atrapando burbujas voladoras. “¡Atrapa la burbuja!” gritaba Juanito. “¡Es una mariposa!” decía Clara.
Al final del día, todos estaban cansados pero muy felices. “¡Qué divertido fue!” dijo Juanito. “¡Sí! ¡Eres mi mejor amiga!” respondió Clara.
“¡Y tú también!”, dijeron al mismo tiempo, riendo.
Así, Juanito y Clara aprendieron que jugar juntos era mucho más divertido. ¡Y siempre habría burbujas en su vida!