Un día soleado, el policía Pedro caminaba por el parque. Tenía su uniforme azul brillante y una gran sonrisa. Los niños jugaban y reían. Pedro se acercó a un grupo de niños.
—¡Hola, amigos! —dijo Pedro—. Soy el policía Pedro. ¿Quieren saber sobre mi trabajo?
Los niños asintieron con emoción.
—¡Sí, sí! —gritaron.
—Mi trabajo es mantener a todos seguros. —dijo Pedro—. Ayudo a las personas y cuido el parque.
Un niño pequeño, llamado Tomás, preguntó:
—¿Cómo lo haces, Pedro?
—Buena pregunta, Tomás. —respondió Pedro—. Primero, escucho. Siempre escucho a la gente. Si alguien necesita ayuda, yo estoy aquí.
—¿Y qué más? —preguntó una niña llamada Ana.
—También cuido las reglas. Las reglas son importantes. —dijo Pedro—. Nos ayudan a estar seguros. Por ejemplo, en el parque, no podemos correr cerca del camino.
Tomás miró a Pedro con ojos grandes.
—¿Tienes historias divertidas? —preguntó.
—¡Claro! Una vez, un gato se subió a un árbol. —rió Pedro—. Fui a ayudarlo a bajar. ¡Fue muy gracioso!
Los niños se rieron.
—¿Podemos ser como tú? —preguntó Ana.
—Sí, siempre pueden ayudar. —dijo Pedro—. Ser amable y escuchar es muy importante.
Los niños sonrieron.
—Gracias, Pedro. —dijeron juntos.
Pedro sonrió.
—Recuerden, siempre que necesiten ayuda, ¡llamen a un policía! —dijo mientras se alejaba, dejando a los niños felices y emocionados.