—¡Hola, amigo! —dijo un diplodocus llamado Dino.
—¡Hola, Dino! —respondió su amigo, un pequeño triceratops llamado Tico.
—¿Quieres jugar? —preguntó Dino.
—¡Sí! —gritó Tico.
Dino estiró su largo cuello.
—Mira, puedo tocar las nubes.
—¡Guau! —exclamó Tico.
—Los diplodocus son muy altos. —Dino sonrió.
—¿Y tú, Tico? —preguntó.
—Yo tengo tres cuernos. —Tico se mostró orgulloso.
—¡Vamos a correr! —dijo Dino.
—¡Sí! —respondió Tico, emocionado.
Los dos amigos corrieron entre los árboles.
—¡Cuidado con el barro! —gritó Dino.
—¡Hop! —saltó Tico.
Se divirtieron mucho.
—Eres mi mejor amigo, Tico.
—¡Y tú el mío, Dino!
Y así, Dino y Tico jugaron felices bajo el sol.