Un policĂa llamado Juan pasea por el barrio. Lleva su uniforme azul. Tiene una gorra y una sonrisa.
“¡Hola, niños!” dice Juan. “Hoy estoy aquà para ayudar. ¿Qué pasa en el barrio?”
Los niños miran a Juan con curiosidad. “¡Hola, Juan!” dicen. “Hemos perdido nuestra pelota.”
“¿Dónde la vieron por última vez?” pregunta Juan.
“Cerca del parque,” responden los niños.
“Vamos al parque,” dice Juan. “Juntos la encontraremos.”
En el parque, Juan observa. “Miren, hay un árbol grande. ÂżDeberĂamos mirar allĂ?”
Los niños asienten. “¡SĂ!”
Miran debajo del árbol. “No está aquĂ,” dice uno.
“Vamos a preguntar a la señora Marta,” sugiere Juan.
“¡Buena idea!” dicen los niños.
Van a la casa de la señora Marta. “¿Ha visto nuestra pelota?” pregunta Juan.
“SĂ, la vi rodar hacia el lago,” responde la señora Marta.
“¡Gracias!” dice Juan. “Vamos al lago, niños.”
Llegan al lago. “¡Miren!” señala Juan. “¡La pelota está en el agua!”
“¿Cómo la sacamos?” preguntan los niños.
“No se preocupen,” dice Juan. “Voy a usar mi red.”
Juan saca la pelota con cuidado. “¡Aquà está!” grita feliz.
“¡Gracias, Juan!” dicen los niños.
“Siempre es un placer ayudar,” dice Juan sonriendo. “Recuerden, siempre podemos resolver misterios juntos.”