La pequeña Vera se despierta con una luz especial en su cuarto. Hoy es un día diferente. Hay música en las calles y risas que llegan volando por la ventana. Vera se asoma y ve globos de colores, serpentinas bailando en el aire y niños con disfraces brillantes. Es carnaval.
Vera aplaude. “¡Mamá, mamá, ven!”, llama con voz alegre. Mamá entra y sonríe. “Hoy es el gran carnaval, Vera”, dice mamá, abrazando a su niña. Vera sonríe grande, como un sol chiquito.
“Quiero mi disfraz”, dice Vera, pero mira el armario y se queda pensando. Allí están un vestido de hada, una capa de pirata y un sombrero de payaso. Vera los observa, pero mueve la cabeza. “Quiero uno diferente”, dice despacito.
Mamá se agacha junto a Vera. “¿Qué te gustaría ser hoy?”, pregunta con voz suave. Vera piensa y piensa. Cierra los ojos. Escucha la música de carnaval, siente el olor de las flores y escucha el sonido de los tambores.
“¡Ya sé!”, dice Vera, abriendo los ojos grandes. “Quiero ser una nube de colores”.
Mamá ríe dulcemente. “¡Qué idea tan bonita!”, dice. Vera salta de alegría. Corren juntas a buscar cosas para crear el disfraz más original. Buscan en cajas: encuentran bufandas suaves, pañuelos, pedacitos de tela, lazos y cintas de todos los colores.
Vera coloca las telas en el suelo. “Azul como el cielo”, dice, tocando una tela suave. “Rosa como las flores del jardín”. “Verde como las hojas”. Mamá ayuda a pegar y coser. Pronto, Vera tiene una falda de nubes de colores y una camiseta con pompones suaves. Mamá pega una nube en una diadema para la cabeza de Vera.
Vera se mira en el espejo y ríe. “Parezco una nube feliz”, dice, girando y girando. Las telas danzan y vuelan con ella. “¡Estoy lista!”, grita, y mamá aplaude.
La música del carnaval llama a Vera. Su papá, con una nariz roja de payaso, la espera en la puerta. “¡Vamos, nube de colores!”, dice papá. Vera toma la mano de sus papás y salen a la calle.
En la calle, todo es fiesta. Hay tambores, trompetas, risas. Globos saltan como burbujas en el aire. Vera camina despacito, mirando todo. Niños con disfraces de león, mariposas, piratas y hadas bailan y cantan. Una niña le dice: “¡Qué disfraz tan bonito!”. Vera sonríe y dice: “¡Soy una nube de colores!”.
Los amigos de Vera la invitan a bailar. Vera mueve las manos, las telas vuelan como alas suaves. Todos ríen y saltan. La música suena fuerte: “¡Carnaval, carnaval!”.
Vera y sus amigos hacen una ronda. Saltan, giran y cantan. Mamá y papá también bailan. Una señora reparte confeti, que cae suave como lluvia de colores. Vera cierra los ojos un momento. Siente el confeti en el pelo, el sol en la cara, la música en el corazón.
De pronto, un pequeño se tropieza cerca de Vera. Se llama Hugo y lleva un disfraz de dragón. Vera se agacha y le da la mano. “¿Estás bien?”, pregunta. Hugo asiente, se levanta y sonríe. “¡Gracias, nube de colores!”, dice Hugo. Vera ríe y le ofrece un pedacito de tela de su nube. Hugo la acepta, feliz.
Juntos siguen bailando, girando, saltando y riendo. La música nunca se detiene. Vera se siente ligera, como flotando en el aire. Mira al cielo, ve nubes de verdad y les sonríe.
Cuando el sol empieza a esconderse, Vera se sienta en el regazo de mamá. Papá la abraza. Vera está cansada, pero feliz. “¿Te ha gustado el carnaval?”, pregunta mamá.
Vera asiente, con los ojos brillando. “He sido una nube de colores y he bailado con mis amigos”, dice.
Mamá acaricia el pelo de Vera. “Eres nuestra nube feliz”, dice suave.
Vera bosteza y apoya la cabeza en mamá. Afuera, la música sigue suave, como una canción de cuna. Vera cierra los ojos y sueña con más carnavales, más nubes de colores, más risas.
Todo está bien. Todo es alegría.