En la plaza del pueblo brillan banderines de colores, bailan globos en el aire y suena la música alegre. Mateo, un niño de cuatro años, salta de emoción. Hoy es el día del carnaval. Su mamá le pone un sombrero rojo y le pinta una estrella en la mejilla. Mateo ríe y dice: “¡Estoy listo!”.
Mateo tiene una misión muy importante: ayudar a repartir los papeles del carnaval. Todos los niños quieren saber qué personaje serán. Mateo lleva una caja llena de cintas y gorros. Camina despacito, mirando a sus amigos. El sol abraza suave la plaza y huele a flores y caramelos.
Primero ve a su amiga Sofía. Ella lleva un vestido amarillo. Mateo le sonríe y pregunta: “¿Quieres ser mariposa?”. Sofía da vueltas y responde: “¡Sí, quiero alas!”. Mateo le coloca unas alas suaves y una cinta con antenas. Sofía brinca feliz.
Después, Mateo ve a Tomás, que tiene un tambor. “¿Quieres ser músico?”, pregunta Mateo. Tomás aplaude y grita: “¡Sí, quiero tocar!”. Mateo le da una pajarita azul y Tomás hace redoblar el tambor: pum, pum, pum.
Mateo sigue caminando. Encuentra a Luna, la más pequeña. Ella mira los disfraces con ojos curiosos. Mateo se agacha y le dice: “¿Te gustaría ser hada?”. Luna sonríe y asiente con la cabeza. Mateo le pone una corona de flores y una varita de cartón. Luna salta y dice: “¡Magia, magia!”.
El viento mueve las cintas de colores. Mateo baila con sus amigos. Todos ríen. Hay música de flauta y palmas. Llega el abuelo de Mateo, con un gran bigote y una nariz de payaso. “¿Y tú, Mateo? ¿Qué papel quieres?”, pregunta el abuelo. Mateo piensa, cierra los ojos y dice: “Quiero ser director de la fiesta”.
El abuelo le pone una capa brillante y le da una batuta. Mateo se pone muy serio y dice: “¡Atención! Vamos a desfilar”. Todos los niños hacen una fila. Sofía vuela con sus alas, Tomás toca el tambor, Luna agita su varita. Mateo va al frente, moviendo la batuta de un lado a otro.
La plaza se llena de risas y pasos de baile. Las mamás y los papás aplauden y lanzan confeti. Los niños giran y saltan. Hay serpentinas por el suelo y globos en el cielo. Mateo canta: “¡Carnaval, carnaval, a bailar sin parar!”. Todos repiten y bailan juntos.
De pronto, un globo amarillo se escapa y vuela muy alto. Luna se pone triste, pero Mateo le da la mano y dice: “No pasa nada, Luna. Hay muchos globos y tú tienes tu varita mágica”. Luna sonríe otra vez. Tomás toca una canción alegre y todos aplauden.
El sol empieza a bajar, pintando la plaza de naranja. Los niños se sientan en círculo. Mateo reparte galletas de colores. Todos comparten risas y dulces. Se abrazan, cansados y contentos.
Mateo mira a sus amigos y susurra: “Hoy fue el mejor carnaval”. Todos asienten. El aire huele a fiesta, a amistad y a alegría. La plaza se llena de sueños suaves como globos. Mateo cierra los ojos y siente, muy dentro, que la magia del carnaval siempre volverá.