En un día de invierno, la pequeña Sofía salía de casa. El sol brillaba en el cielo azul, pero hacía frío. ¡Brrr! Sofía se abrigó con su chaqueta roja y su gorro de lana.
—¡Mira, mamá! —dijo Sofía—. ¡Nieve!
La nieve cubría todo. Era suave y blanca como el algodón. Sofía dio un pasito y... ¡plop! Se cayó en la nieve. Sofía se rió.
—¿Quieres hacer un muñeco de nieve? —preguntó mamá.
—¡Sí! —respondió Sofía, feliz.
Juntas, rodaron bolas de nieve. La primera bola era grande. La segunda bola era mediana. La última bola era pequeña. Sofía puso la bola pequeña en la cima.
—¡Es un muñeco de nieve! —gritó Sofía.
Mamá sonrió.
—Vamos a patinar —dijo mamá.
Sofía se puso unos patines. Al principio, se tambaleó. Pero después, patinó y gritó:
—¡Mira, mamá! ¡Patino!
El invierno era divertido. Sofía aprendió a hacer un muñeco de nieve y a patinar.
—El invierno es maravilloso —dijo Sofía.
Y así, Sofía y su mamá disfrutaron del frío con amor y risas, creando recuerdos mágicos en la nieve.