Afuera hace frío. El cielo está gris. El día es corto. Luna, una niña de 1 año, mira por la ventana. Ve nieve suave. “¡Oh!”, dice.
Mamá le pone ropa: gorro, bufanda y guantes. “Calentita”, dice mamá. Papá abre la puerta. “Toc-toc”, suenan las botas.
Luna da un paso en la nieve. “Crunch-crunch”. Se ríe. Toca la nieve con un dedo. “Brr”, hace Luna. Mamá le da la mano. “Aquí estoy”, dice.
Caminan despacio. Ven un árbol sin hojas. Luna lo señala. “Árbol”, dice. Papá responde: “En invierno descansa”. Un pajarito salta. “Pío-pío”. Luna aplaude: “¡Pío!”.
De pronto, Luna pisa un charquito frío. “Plip”, suena. Se moja un poquito la bota. Luna mira su pie. Mamá se agacha y seca la bota con un paño. “Listo”, dice. Luna sonríe: “¡Listo!”.
Vuelven a casa. Adentro hay luz y manta. Suena la taza: “clinc”. Luna bebe leche tibia. “Mmm”. Mira un libro con fotos de nieve. Bosteza. “A dormir”, dice papá. Luna se acurruca. Afuera, la nieve cae suave.
Moraleja: Con manos cerca y ropa calentita, el invierno se aprende con calma y cariño.